Músicos sin cromática

Jack-White-x-cuatro

Los valedores de la apropiación indebida de propiedad intelectual mediante la copia de ficheros en redes de pares argumentan que ‘regalar’ así la música es un incentivo que aumenta el número de conciertos que realizan los artistas, y que los ingresos que dejan de percibir por la imposibilidad de vender su obra son así recompensados por los cachés y el diez por ciento de la SGAE que cobran en sus directos. Incluso algunos artistas, más o menos en activo, comparten esta afirmación.

Pero la gente lo cuenta según le va. La promoción es necesaria -obligada- para los que empiezan, para los que no pueden salir de los canales marginales, para las minorías y, casi siempre, para las vanguardias. Este sistema es perfecto para engrasar los egos de los músicos aficionados. Pero no encuentro el beneficio que U2 o Jarabe de Palo podrían recibir en publicidad regalando sus discos: sus conciertos ya cumplen los aforos. Además, quienes organizan los conciertos no son los consumidores que se ‘regalan’ a sí mismos la música de los demás: la mayoría de los conciertos son decididos por promotores privados, que mantienen a veces algún tipo de relación con los sellos discográficos, y por programadores públicos, que suelen regirse por criterios económicos y de política territorial. El sistema del pirateo como publicidad también funciona en la música comercial más o menos perecedera, como la canción del verano u otros memes similares, pero en la medida que se muestra eficaz alcanza pronto su nivel de incompetencia. El copyleft está demostrando su ineficacia de base aplicado a la blogosfera. Y somos decenas de miles. Puede que aplicado a la música sirva para autogestionar el comienzo económico de alguna banda: será como mandar maquetas a las disqueras y, además, a las casas del público. Pero una vez dados los primeros pasos, se nos volverá en contra. Las compañías que regalan sus productos para darse a conocer dejan de hacerlo en un momento dado y recuperan, mediante la venta sobrepreciada de esos mismos productos, la inversión que hasta entonces habían realizado. Aunque Internet es una revolución gigante, no creo que llegue a reinventar los principios del capitalismo.

Sería más justo aportar a este debate soluciones jurídicas, económicas y éticas que dieran cabida a todos los músicos, y no, exclusivamente, a los noveles, aunque éstos suelan ser los más afines a nuestro gusto. El tirón de los muy comerciales, permite a los sellos promocionar a los que empiezan. Si un músico ya ha alcanzado el nivel de saturación en su mercado, ¿para qué seguir grabando y regalando música sin obtener beneficios? No se olvide: los discos no son de los autores. Si llega un momento en el que las disqueras no ganan dinero con ellos ¿para qué producirlos como ahora?

No hay que mirar esta cuestión con ojos de novato. Si queremos que suene… que no falten compases.